Civil, Herencias

Renunciar a una herencia

Renunciar a una herencia

Recibir una herencia no siempre es sinónimo de buenas noticias. Obviando el hecho de que implica la pérdida de alguien, en ocasiones las herencias suponen auténticos quebraderos de cabeza.

Por no hablar de que, en muchos casos, terminan siendo el primer paso para la ruina económica de los herederos. Por eso, hay veces que renunciar a una herencia es mucho mejor idea que aceptarla. 

No olvidemos que las herencias son procedimientos complejos. Algunos de los factores que entran en juego son el número de herederos, su grado de consanguinidad con respecto al fallecido, el valor del caudal hereditario, si hay o no testamento y qué clase de bienes hay que repartir.

Pero los condicionantes son muchos más, y todos ellos van a influir en el resultado del proceso.

Aparte, heredar no tiene por qué ser equivalente a ganar dinero o riqueza, porque también implica asumir las deudas del fallecido.

Así, ser consciente de que no solo hay que tener presentes las casas o el dinero que tenía en vida el fallecido puede ser determinante. Sus deudas, otras cargas y también los impuestos que hay que pagar por heredar también influyen en la decisión final.

Motivos para renunciar a una herencia

Son muchas las personas que renuncian a una herencia, por varios motivos. El más fundamental es que supone más una pérdida que un beneficio, pero no es el único.

Hay otro supuesto muy común, y es el de un hermano con mucho patrimonio que renuncia a la herencia en favor de otro con menos capacidad económica.

Para que, en cualquier caso, el heredero decida con calma y libertad, existe lo que se llama el derecho a deliberar. Es, en resumen, un periodo de tiempo durante el cual el llamado a heredar puede examinar los bienes y cargas de la herencia, para saber si le merece la pena o no aceptarla.

El procedimiento para renunciar a una herencia

Existen, básicamente, dos formas de renunciar a una herencia:

  1. Pura y simplemente: lo heredado y el patrimonio del heredero se unen, formando uno solo, incluidas las deudas.
  2. A beneficio de inventario: las deudas que existan se pagan únicamente con el patrimonio que forma parte de la herencia, sin que el propio se vea afectado. De esta forma, el heredero se protege ante posibles acreedores.

La renuncia de la herencia puede hacerse ante notario o acudiendo a la vía judicial. La más simple es la primera opción, en la que basta con comparecer ante el notario y renunciar formalmente a la herencia.

En este punto, conviene hablar también de un concepto que está muy relacionado: la aceptación tácita de la herencia. Consiste en que, aunque el heredero no haya aceptado oficialmente la herencia, sí ha llevado a cabo determinados actos que indican que es efectivamente el dueño de los bienes que ha heredado.

En caso de que, ante un fallecimiento, los herederos no se pronuncien con respecto a la herencia, el notario puede requerirles para que la acepten o la rechacen. Si, aun así, no se manifiestan en un máximo de 30 días, se dará por hecho que la herencia está aceptada.